¿Disco o no disco? (Manifiesto de autocrítica falopera)

September 16, 2014

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Durante 2013 estuvimos grabando dos discos. Laburamos mucho en dos proyectos bien distintos: “Autocrítica” y “Glam libertario”.

“Autocrítica” arrancó como trío: Federico Marquestó en guitarra, Marcelo Mercadante en bandoneón y Pablo Marchetti en voz. Con ese trío grabamos dos temas durante una visita de Mercadante, argentino residente en Barcelona, al país. Los dos temas se grabaron en vivo en el estudio del gran pianista Álvaro Torres, en Buenos Aires, en el barrio de Parque Patricios.

El resto también fue grabado íntegramente en vivo pero con el team falopero a pleno: Federico Marquestó, Francisco Huici, Gustavo Carretino, Juan Spolidoro, Juan Krymkiewicz y Pablo Marchetti. A quienes se sumaron los invitados faloperos permanentes durante los últimos años: Agustín Barbieri y Facundo Farías Gómez, en batería y percusión respectivamente. También vinieron a tocar el descomunal pianista y tecladista Juan “Pollo” Raffo, el contrabajista Rodrigo “Tordo” Loos (integrante de Derrotas Cadenas), y a cantar los queridos y admirados Hernán “Cucuza” Castiello y Zambayonny.

La banda grabó en ION, un estudio legendario del barrio porteño de Balvanera, durante dos jornadas: sábado 18 y domingo 19 de mayo. Grabamos varias tomas de 14 temas, sin sobregrabaciones y después seleccionamos tomas. Quedaron diez temas en total, que completan 12 con los dos del trío que arrancó esta historia.

“Glam libertario” es exactamente lo contrario: un disco por capas, con muchísimas pistas, pero grabado exclusivamente en estudios caseros. La mayoría se registró en el estudio de Francisco Huici, en el barrio porteño de Villa Urquiza. Además de los integrantes de la banda, hubo aquí secciones de vientos, mucha percusión, voces, teclados y todo lo que se nos ocurrió. Grabamos 15 temas de los cuales quedaron 12. Entre lxs invitadxs estuvieron Dolores Solá, Martín Elizalde, Noelia Pucci, Acho Estol, Vanesa Ruffa y Araceli Deibe, además de los ya mencionados Agustín Barbieri y Facundo Farías Gómez.

El resultado es entonces este disco doble, que en realidad fue encarado como dos discos. Aunque ahora que están mezclados y masterizados nos damos cuenta de que no tenemos ningún disco. Que sí contamos con un montón de música. O con un montón de bytes, como prefieran. Pero disco, lo que se dice disco, no. ¿Por qué? Porque los discos, lamentablemente, ya no existen. Bueno, lamentablemente… no existen y punto. No tenemos claro si hay o no algo para lamentar.

Los discos ya no existen porque hoy la música se escucha de otra manera. Ya no hacen falta ni compactos ni vinilos. Y si esos formatos existen es porque hay todavía gente nostálgica y, sobre todo, fetichista. No lo vamos a negar: nos encanta el fetiche, somos absolutamente fetichistas. Siempre que nos alcance el lugar, claro. Porque ahora el fetiche es una cuestión de espacio. Hasta hace un tiempo, si uno tenía montañas de discos lo que tenía era un montón de música. Hoy esas montañas de discos no son más que un fetiche, porque la música cabe en un dispositivo así de chiquitito.

Fabricar los discos cuesta mucho dinero. Como todo fetiche. Y por el momento, faloperas y faloperos, hemos prescindido de semejante gasto. Por el momento. No descartamos tener un disco en el futuro. Nos gustaría más un vinilo que un CD. Pero por el momento, ni una cosa ni la otra. Apenas un montón de música para compartir con la libertad y el desenfreno con que se comparte la música hoy.

La idea es la siguiente: el disco se puede escuchar libremente. Si quieren bajarlo, tienen que pagar una suma simbólica. Y la llamamos simbólica porque simboliza nuestra libertad para seguir haciendo música como se nos canta, sin condicionamientos. La forma que tenemos de sostener el laburo, de pagar un estudio, de seguir produciendo, es generando algún dinero, volvernos sustentables.

No añoramos la época en que había que pagar por la música. Al contrario, agradecemos vivir en una época donde se puede prescindir de intermediarios. Una época donde sincerar las condiciones de producción es hablar de plata, hablar de financiación, hablar de condiciones de producción. Eso puede sonar a ruego, a pedir limosna, a súplica. Para nosotros, en cambio, es parte del hecho artístico. Hoy todos los artistas nos transformamos en artistas callejeros que pasan la gorra. Y está muy bien que sea así. Para sincerarnos y para bajar egos de un hondazo.

Así estamos. Mientras tanto, no hay disco, pero hay música, hay arte, hay calentura, hay deseo. No es poco. Que lo disfruten, faloperas y faloperos. Y que los eunucos bufen.