Diario La Opinión (Rafaela, 23-9-2012)

September 23, 2012

 

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“Exiliado de Barcelona”, entrevista a Pablo Marchetti por Alejandro Menardi

Exiliado de Barcelona

Entrevista exclusiva con Pablo Marchetti, personaje hiper lúcido y multifacético: ex director de la revista “Barcelona”, cantante, autor de varios libros, panelista del programa “Duro de Domar” y conductor de “Quilombo Radio”.
Una mente brillante
A la hora de hacer una referencia a Pablo Marchetti, se puede decir que hasta hace poco fue el director de una célebre publicación que viene marcando tendencia gracias a su humor desnfadado y el uso explosivo de la parodia: la revista “Barcelona”. Sin embargo, su carrera periodística no empezó ni terminó ahí, ya que trabajó en importantes medios de prensa escrita como “Humor”, “La Maga” y “La García”.
En plena crisis del 2001 estuvo viviendo en Barcelona, en la época que todos se iban del país. Cuando volvió, decidió junto a otros amigos ponerle ese nombre a la revista, ya que era un destino casi obligado para los argentinos sin horizonte. Y junto a sus ex compañeros de la revista, Pablo Marchetti también armó la editorial independiente anti libros, donde editaron algunas de sus obras.
Su paso por la música empezó en 1995, con la banda “Sometidos por Morgan”, conformada por periodistas de la revista “La Maga”. El estilo era una extraña fusión de ritmos, como la cumbia, el rock, el punk, con letras de cierto contenido ingenioso. La canción más conocida es la “Cumbia del odontólogo”, en alusión a Ricardo Barreda.
Actualmente, canta en el conjunto “Falopa”, un grupo con aires tangueros pero con un contenido lírico alejado del lunfardo porteño y relacionado al tiempo presente. Ya alejado de “Barcelona”, Pablo Marchetti sigue trabajando de panelista en “Duro de Domar”, junto a Mauro Federico. Además, conduce “Quilombo Radio” por Splendid y escribe en “Mu”, periódico mensual de la cooperativa “La Vaca”.

-Escribís, tenés una banda, pero también hacés periodismo desde hace varios años de una manera bastante creativa. ¿Sentís placer artístico a la hora de hacer un artículo?
Sí, claro. Siento placer, mucho placer. No sé si artístico. Por ahí el placer artístico pasa más por cantar o por escribir cosas menos coyunturales. Pero no estoy muy seguro de tener tan clara esa división de cosas. Tengo una necesidad expresiva y comunicacional que sí está presente en mis artículos periodísticos. En estos momentos estoy en una situación de poder elegir cosas. Pero a veces algunos editores me sugieren algo y dan justo con algo que sé que me va a dar placer hacer. Me pasa mucho con mi editora de cabecera, amiga y chamana, que es Claudia Acuña, directora de la revista “Mu”. Pero hace poco en “Perfil” me propusieron ir a hacer una crónica de FeVida, la mega feria espiritual donde estuvo Sri Sri Ravi Shankar. Y obviamente fui porque me parecía que estaba muy bueno escribir sobre eso.
-¿Qué resultados te dio esa experiencia de escribir sobre esa mega feria espiritual? ¿Creés en eso? ¿Conocías o fuiste a ver qué onda?
-Me pareció muy divertido ir y escribir sobre eso. Fue un buen plan, había mucho material para una buena crónica. No conocía demasiado. Algunas cosas sí, porque había una mezcla bastante heterodoxa. Por ejemplo, suelo comprar cosmética en Deva’s, hice yoga y alguna ropa estaba buena. Compré una remera para mí y otra para mi mujer. No es cuestión de creer o no. Hay mucha terapia alternativa, cosas copadas. No sé, leé la nota.
-A la revista Barcelona se la asocia mucho con el humor. Sin embargo, en algunas contratapas hace denuncias importantes. ¿Qué rol ocupa el humor a la hora de trasmitir un mensaje político?
-El humor es clave como herramienta de comunicación. Permite llegar de una forma directa, contundente. Con “Barcelona” pretendimos hacer una sátira periodística y una sátira tiene, por definición, mucho humor. Pero la sátira requiere también de un conocimiento profundo del lenguaje y el formato al que parodiás. El problema es que la sátira, la parodia, llega un momento en que se agota. Creo que es lo que pasó con “Barcelona”, o al menos lo que a mí me pasó con la revista. Supongo que, más allá de cuestiones personales que fueron el detonante que desencadenó mi ida de “Barcelona”, el motivo, en el fondo, fue que para mí se agotó ese modelo satírico. De todos modos sigo considerando que el humor es fundamental para cualquier forma de comunicación o de vida en general. Y si el humor aparece donde menos se lo espera, tanto mejor.
-Tu aparición en “Duro de Domar” te hizo más conocido. ¿Cómo te llevás ahora con la fama o esta idea de ser reconocido en la calle?
-No me llevo mal con ser conocido. Tampoco es algo que me guste especialmente y mucho menos es algo que haya buscado especialmente. Pero sí me permite poder encarar otros proyectos, como conducir un programa de radio de segunda mañana todos los días, o que me escuchen con más atención cada vez que digo “che, se me ocurrió tal cosa”. Algo que sucede a menudo. Por otro lado, tampoco es que soy el Indio Solari, que no puedo salir a la calle. Y la gente que me saluda me tira buena onda. Por el momento nadie me puteó, ni me tiró nada, ni tengo un Mark Chapman.
-¿Cómo se dio tu llegada actual a Radio Splendid?
-Me convocó Mauro Federico, un periodista al que admiro y quiero mucho. Además coincidimos mucho ideológicamente. Él venía haciendo un programa allí los sábados a la mañana y le ofrecieron hacer la segunda mañana de lunes a viernes. Un horario central para la radio.
-Su nombre, ¿tiene algo que ver con la antigua emisora, es un homenaje o fue una coincidencia?
-Sí, es la misma e histórica Radio Splendid de siempre. Hace poco le hicimos una nota a Nelly Omar, que tiene 100 años. A la mina la venían llamando de varias radios más grosas y les dijo que no. Y nos atendió a nosotros porque éramos radio Splendid. Hoy radio Splendid está en el mismo edificio de Rock&Pop, la Metro, Blue y Radio 9, porque pertenece al mismo grupo empresario, cuyos dueños son Raúl Moneta y Matías Garfunkel. Pero nosotros no somos empleados de ellos. Ellos nos dan el aire y nosotros lo comercializamos. Splendid es la radio más bastardeada del grupo. Supongo que eso y no tener relación con la empresa nos da una libertad insólita.
-¿Qué carencias en el tango moderno le dieron la razón de existir al conjunto Falopa?
-No fue una carencia en ningún lado, fue una necesidad expresiva propia. Siempre que escribís o inventás algo artístico es porque, por un lado, tenés una necesidad. Y por otro porque sentís que lo que hacés es original en un punto. Pero tampoco creo que el tango moderno o el tango canción contemporáneo o como se llame eso, no estuviera fantásticamente bien representado por La Chicana, la Fernández Fierro, el Tape Rubín o La Guardia Hereje como para que encima lleguemos nosotros a romper las pelotas. No fue eso. Simplemente se dio una conjunción tanto melódica como genital: o sea, se nos cantaron las pelotas.
-Tanto el Conjunto Falopa como los otros grupos que mencionás, ¿reciben comentarios de los ortodoxos del tango?
-Y, depende. Sabemos que hay mucha gente a la que le gusta el tango clásico y viene a ver a Falopa. O músicos jóvenes, pero que tienen la vieja escuela, como Pablo Mainetti, que es un gran amigo y grabó en nuestro segundo disco porque le gustó el proyecto. Pero no sé qué pasa con los más viejos. De todos modos no estamos en los ’60, cuando estaba más presente esa discusión. Hoy Piazzolla es parte del canon tanguístico. Y a buena parte de los pibes de la generación tanguera sub ’40 le pasó por encima el rock y la posmodernidad.
-Si pudieras hablar con vos mismo a los 8 años, ¿qué cosas te dirías o propondrías no hacer para salvarte el futuro?
-No creo que el futuro sea un asunto para salvar. Y mucho menos creo que yo tenga salvado nada. Pero trataría de tranquilizarme y me diría que aquello que parece un devenir errático puede en un punto transformarse, a fuerza de insistencia, en un camino. Que la supuesta falta de rumbo, si se hace a conciencia y siguiendo la disciplina del goce y de la diversión, inevitablemente se transforma en un rumbo. Creo que si hubiera sabido eso hubiera disfrutado y me hubiera divertido mucho más.


Por Alejandro Menardi.-